Ordinary Lives

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April 2010

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Apr 25, 20101 note
Mi nena

Su nombre es Naima, tiene 4 años. Cuando quedé embarazada yo tenia 18, me había acabado de casar y apenas empezaba la Universidad. No tuve miedo. El hecho de estar casada venció todo temor del que dirán. La consideraba la salvación a una relación en donde quizá la presencia de un nuevo individuo desarrollaría mas amor y unión; eso me hizo creer mi inmadurez (y todavía lo sigue haciendo).

Durante los meses de espera sentí como la gente se volvió mas considerada, me abrían las puertas, me recogían lo que se me caía al suelo, me sonreían, demasiado. Era una consideración que no encontraba en mi hogar, no se si por mis delirios hormonales o por su angustia de tener que ser el proveedor que mi presencia lo obligaba a ser, o el ya no ser “tu y yo”. 

Me propuse hacer mi vida maternal lo mas natural posible, por lo que la parí con dolor como Dios manda y la amamante hasta decir no mas. Tenerla pegada a mi pecho me brindaba mucha más paz y seguridad a mí que a ella. Deje de ir a la Universidad por un casi un año y decidí tomar clases por internet para no perder esa seguridad.

Volver a la Universidad fue como regresar a la escuela primaria. Mis perspectivas y mis metas no concordaban con las de los demás. Ya yo tenia por quien vivir y por quien luchar, a lo que a muchos de ellos les faltaba. Ya yo no era la hija, yo era la madre. Lo mas difícil no fue tragarme los libros, ni las noches en vela terminando deberes académicos. Lo peor fue el haber desarrollado una gran envidia a la irresponsabilidad de los demás. 

Podra ser difícil, pero no imposible…

Apr 25, 2010
Apr 7, 2010
Kike

Una de las personas mas allegadas a mi vida tiene autismo. Digo allegada porque a pesar de ser mi primo lo considero mi hermano. Kike nació cuando yo tenia 2 años. Cuando éramos niños la mayoría del tiempo me quedaba en su casa, su mama es mi tía favorita y la verdad era que prefería estar allá que en donde en realidad vivía, ya que mi tía Jenny tenia mejor “situación” que mi abuela (la mujer que me crió).

Raul Enrique es su nombre, desde chiquito lo hemos llamado Kike. Me imagino que porque llamarlo Raul Enrique era mucho mas largo y no sonaba bonito. Llamarlo solo Raul tampoco era una opción porque nombres como ese no se pueden acortar, no se porque, pero tampoco sonaba bien. Volviendo al tema de cuando éramos ninos y me quedaba en su casa, siempre me ponían a dormir en su cuarto. Mi hermana siempre lograba acomodarse en el cuarto de Andres, el hermano menor de Kike que era “normal”, ya que ahí ella dormía mejor. Kike solía saltar en su cama toda la noche mientras vocalizaba algo que se convirtió en su único lenguaje. No me dejaba dormir, muchas veces saltaba encima de mi. Muchas veces también  prendía y apagaba las luces del cuarto, por lo que mi tía decidió remover los bombillos.

A Kike no le gustaba ir al baño, cuando tenia ganas de hacer cualquiera de las dos cosas lo hacia en su cama. La peor desgracia para mi tía era tener que limpiar las paredes, piso, puertas, cortinas y todas las partes donde Kike esparcía su caca. La peor desgracia para mi era tener que ayudar a mi tía a buscar cualquier residuo de excremento que hubiera quedado.

Todos lo años nuestra familia se reunía en la casa de mi abuela. En una de esas fiestas mi tia Jenny se descuidó y perdió a Kike. Esa noche los adultos se dedicaron a buscarlo, Kike apareció al amanecer casi a las afueras de la ciudad. Al parecer había corrido toda la noche. Mi tía nunca a querido que a su hijo sea tratado como un loco, desgraciadamente la sociedad en que vivimos tiene la peculiar costumbre de llamar locura todo lo que interfiera con la norma. En ese tiempo tampoco habia tanto conocimiento sobre que significaba ser autista, y creo que los “normales” todavía no lo hemos llegado a comprender. Cuando mi tía trataba de explicarnos, nos decía que ser autista significaba encerrase en sí mismo, vivir en otro mundo. Al convertirme en una mujer adulta lo único que he logrado comprender es que yo soy tan autista como lo es Kike, o por lo menos siempre lo he intentado ser.

Kike ya es un adulto, tiene 22 años. Mi tía resolvió mudarlo en su propio apartamento y contratar terapeutas que lo supervisan día y noche. Todavia usa el mismo lenguaje de sonidos que adopto en su niñez, y no tengo la menor idea si tiene vida sexual. Casi todas sus terapeutas son mujeres y con esas cosas uno nunca sabe.

La bendición de tener una persona autista en mi familia ha creado en mi una gran tolerancia y amor a personas consideradas diferentes y especiales., hasta el punto de querer permanecer siendo parte se sus vidas.

Apr 7, 2010
“Yo solo se que nada se” —Socatres
Apr 7, 2010
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